La Giralda, el Real Alcázar y la Plaza de España en un solo día, con la forma más rápida de llegar.
Sevilla merece la pena incluso en un solo día si organizas bien el tiempo. Esta guía enlaza tres visitas imprescindibles —la catedral coronada por la Giralda, el Real Alcázar y la Plaza de España cubierta de azulejos— además de un paseo por el casco antiguo. Es ideal para amantes de la cultura, primerizos y quienes cambian la playa por la grandeza andaluza.
La forma más rápida desde Málaga es el tren de alta velocidad, que sale de la estación María Zamora y llega a Sevilla Santa Justa mucho antes que el coche. Reserva los billetes con antelación para lograr mejores precios y una salida temprana. Desde Santa Justa el centro histórico queda a un breve trayecto en taxi o autobús, y luego casi todo se recorre a pie.
Empieza en la catedral, una de las mayores del mundo y sepultura atribuida a Cristóbal Colón. Sube a la Giralda, su antiguo alminar, por una suave sucesión de rampas en lugar de escaleras, para disfrutar de amplias vistas sobre los tejados. Llega temprano para evitar las colas y busca una entrada combinada que incluya también la cercana iglesia de El Salvador.
Después llega el Real Alcázar, un palacio real en uso con una deslumbrante artesanía mudéjar, patios serenos y jardines frondosos y sombreados. Las entradas con hora suelen agotarse, así que resérvalas por internet mucho antes del viaje. Dedica un buen rato a recorrer sin prisas las salas y la vegetación; los escenarios de Juego de Tronos en los jardines bajos encantan a los fans.
Termina en el parque de María Luisa, en la Plaza de España, un gran semicírculo de puentes, cerámica y hornacinas de azulejos construido para una exposición de 1929. Regresa paseando por el Barrio de Santa Cruz, la antigua judería de naranjos y callejones, deteniéndote a tapear. Lleva calzado cómodo, agua en verano y toma con calma el tren de vuelta al anochecer.