Descubre el carácter de los pueblos costeros más queridos, desde la glamurosa Marbella hasta la familiar Fuengirola y la animada Benalmádena.
La Costa del Sol encadena una sucesión de pueblos con personalidad propia al oeste y al sur de Málaga. Algunos son glamurosos, otros tranquilos y familiares, y unos pocos conservan aire de pueblo de siempre tras sus playas. Alojarte en uno y visitar los demás en el día es fácil, así que conviene elegir el que encaje con tus vacaciones.
Marbella es la estrella refinada de la costa: un casco antiguo sorprendentemente bonito de callejuelas blancas y naranjos junto al puerto deportivo de lujo de Puerto Banús, muy cerca. Pasea por la Plaza de los Naranjos, recorre el paseo marítimo y curiosea en las boutiques antes de cenar. Ideal si buscas un ambiente elegante, aunque el centro histórico sigue siendo acogedor.
Fuengirola es la favorita de las familias: una larga playa de arena, un castillo restaurado sobre el pueblo y un bioparque muy cuidado cerca del centro. Su paseo marítimo es de los más largos de la costa, perfecto para pasear o ir en bici al atardecer. Los trenes frecuentes la hacen práctica como base y su ambiente tranquilo encaja con quien viaja con niños.
Benalmádena ofrece variedad: desde la arquitectura caprichosa de su puerto hasta una estupa budista en lo alto y un teleférico que sube al Monte Calamorro con vistas inmensas. La vecina Torremolinos tiene playas animadas y vida nocturna, y más al oeste Estepona enamora con calles llenas de flores y murales. Cada una es una escapada fácil de medio día.
Moverse es sencillo: el tren de Cercanías une Málaga, el aeropuerto, Torremolinos, Benalmádena y Fuengirola, mientras que los autobuses llegan a Marbella y Estepona. Alquilar coche abre rincones más tranquilos, pero aparcar se complica en verano. Ven a finales de primavera o en otoño para días cálidos y más calmados, y elige tu base según el ritmo que quieras.