Cruza el Estrecho a África por un día: la medina de Tánger, las calles azules de Chefchaouen y lo que implica un viaje a Marruecos.
Desde las playas de la Costa del Sol, África queda al otro lado del Estrecho de Gibraltar, tan cerca que se divisa en los días claros. Cruzar a Marruecos por un día es una de las aventuras más gratificantes de la zona. Tánger es la puerta natural: un puerto vibrante donde se encuentran las culturas, con su medina laberíntica, la kasbah en lo alto y amplias vistas al mar.
La forma más rápida de cruzar es el ferry rápido desde Tarifa, que te deja junto a la medina de Tánger. También hay barcos desde Algeciras hasta Tánger Med, algo más alejado del centro. Muchos viajeros reservan una excursión organizada, que combina el traslado en autocar desde los hoteles de la costa con la travesía, un guía y los trámites fronterizos.
En Tánger, piérdete por el enredo de callejones de la medina y detente en el Petit Socco y el animado Grand Socco. Sube a la kasbah por su museo y sus panorámicas del mar hacia España. Fuera de las murallas, el cabo Espartel marca el encuentro del Atlántico con el Mediterráneo, y las cercanas Cuevas de Hércules son una parada aireada y memorable.
¿Sueñas con Chefchaouen, el pueblo azul repartido por las montañas del Rif? Sus calles de un azul suave son mágicas, pero queda a un buen trecho tierra adentro desde Tánger. Encajarlo en un solo día desde la costa supone muchas horas de trayecto; para disfrutarlo de verdad, plantéate pasar una noche. Sé realista con lo que cabe en una jornada.
Algunos consejos: lleva un pasaporte en vigor, pues Marruecos es un país aparte fuera de la UE. La moneda es el dírham, aunque el euro se acepta ampliamente; la hora puede diferir de España, así que confirma la local. Regatear es parte de la vida del zoco, viste con recato en los lugares religiosos y una excursión guiada facilita la frontera, el idioma y la orientación. Ideal para curiosos y familias.