Espetos, vino dulce y los mejores bares de tapas de la ciudad: esto incluye una ruta gastronómica por Málaga y cómo elegir la tuya.
Una ruta gastronómica por Málaga suele recorrer los bares de tapas del casco antiguo y el bullicioso mercado de Atarazanas, maridando pequeños platos con la historia de la ciudad. Espera espetos —sardinas ensartadas y asadas al fuego de leña—, pescaíto frito, quesos y aceitunas locales, además de catas de vinos dulces de Moscatel y Pedro Ximénez servidos directamente del barril.
Para vivir el verdadero espeto, acércate a los chiringuitos del paseo marítimo en El Palo y Pedregalejo, donde las sardinas se asan en cañas sobre barcas llenas de arena. Muchas rutas incluyen una parada aquí o te indican el camino. El pescado ahumado y salado sabe mejor de finales de primavera al verano; cómelo con las manos, directo del espeto.
Los vinos dulces de Málaga son un imprescindible que merece la pena entender. En tabernas históricas como Antigua Casa de Guardia, el vino sale de barricas de madera y la cuenta se apunta con tiza en la barra. Prueba un Pedro Ximénez seco y con notas de fruto seco junto a un Moscatel meloso. Los guías explican las uvas y el secado.
El centro histórico es compacto y se recorre a pie, así que casi todas las rutas empiezan cerca de la Catedral o del mercado de Atarazanas y lo cubren caminando. El aeropuerto de Málaga conecta en tren y autobús, y la estación María Zambrano enlaza con toda la Costa del Sol. Elige un grupo reducido por el ambiente o un guía privado para marcar tu ritmo.
Estas rutas van bien tanto a curiosos primerizos como a amantes de la buena mesa que repiten, y suelen durar unas horas sin prisa. Ven con hambre, calza zapato cómodo y avisa de tus necesidades dietéticas al reservar: los buenos guías se adaptan. Al anochecer el tapeo se anima, cuando los locales saltan de bar en bar. Deja hueco y déjate llevar.