Prueba el meloso Moscatel de Málaga y descubre las bodegas de altura de Ronda, con visitas a viñedos, salas de cata y cómo llegar sin complicaciones.
La historia del vino de Málaga empieza con el dulce Moscatel y el Pedro Ximénez, uvas secadas al sol en las laderas que dominan la costa. En el casco antiguo puedes probarlos directamente de la bota en venerables tabernas y despachos de vino, donde los caldos oscuros y densos conviven con blancos secos y frescos. Es una introducción relajada y con carácter que no requiere coche.
Una hora tierra adentro, la Serranía de Ronda se eleva hacia un paisaje más alto y fresco donde una nueva generación de pequeñas bodegas elabora tintos estructurados con Tempranillo, Syrah y Cabernet. Los viñedos alcanzan altitudes sorprendentes que dan vinos frescos y aromáticos. Muchas fincas reciben visitas con paseos entre cepas, recorridos por la bodega y catas guiadas ante espectaculares vistas de montaña.
Llegar a las bodegas es parte del placer. Ronda se conecta con la costa por un ferrocarril panorámico y carreteras de montaña sinuosas, así que puedes ir en tren y unirte a una visita local, o conducir con un conductor designado al volante. En la ciudad de Málaga, muchas bodegas y bares de vino quedan a un paseo, mientras que las excursiones organizadas se ocupan del transporte a las fincas rurales.
Reserva las visitas con antelación, pues los pequeños productores suelen recibir solo con cita previa y las plazas son limitadas. La vendimia, normalmente a finales de verano y principios de otoño, es muy vistosa pero concurrida. Lleva calzado cómodo para caminar entre viñas, una prenda de abrigo para las noches frescas de Ronda, y modera las catas con agua y comida. Si te enamoras de una botella, pregunta por el envío.
Estas rutas encajan con viajeros curiosos que disfrutan tanto de la historia en la copa como del propio vino. Las parejas encuentran románticas las fincas de montaña, mientras que los amantes de la gastronomía pueden maridar los dulces malagueños con almendras, queso y pasas locales. Familias y quienes no beben también disfrutan del paisaje y de las historias de la bodega. Ve despacio, pregunta y deja que aflore el carácter de cada zona.